Estado de alerta

Alerta mundial. Peligro de muerte. Nos vamos enterando por las noticias en las redes y en la tele. Nos llegan mensajes al teléfono, información, sobre todo, mucha información y nuestra cabeza colapsa.

¿Pandemia mundial?

Todo el planeta afectado de igual manera, sin distinción de ideología política, economía o religión. “¿Pero esto es como la peste bubónica? Yo pensé que solo pasaba en los libros de historia y siglos atrás”. Pues parece que no. Resulta que no somos la excepción dentro del universo. Somos tan vulnerables como aquella hormiga que vemos caminando en una plaza, que teme que las suelas de nuestros zapatos puedan acabar con su vida en cualquier momento.

Más allá de la pérdidas, dolorosas por cierto, ¿qué nos deja esta situación peculiar e inédita?

Pensábamos que la muerte era un tema que podíamos postergar para pensarlo después de los 80 años, pero no… el tema muerte se puso de moda. Y para el caso, no importa si el virus existe, si salió de un laboratorio o no, o si empezó con un murciélago (misterios del cosmos que jamás resolveremos).

Lo verdaderamente cierto es que lo que era “normal” dejó de serlo, lo que era “habitual” pasó a ser un peligro de muerte, y el afecto y el contacto físico pasó a ser una amenaza. Tal vez algunos aprovecharon esta situación externa para preguntarse qué querían realmente para su vida, o para preguntarse si el modo en el que estaban viviendo era el que más los satisfacía. Después de todo si esto que llamamos vida en este plano se puede terminar en cualquier momento, para qué desperdiciarla haciendo un trabajo que no nos gusta, o solamente pagando cuentas y deudas.

¿Por qué esperar para hacer lo que siempre me gustó y nunca me animé?

Seguramente muchos otros anhelen volver a su “vida normal”. Pero para los que aprovecharon la oleada para reflexionar y enderezar un poco el timón de sus barcos, este momento se presentó como una oportunidad única, como un renacimiento a la vida que uno siempre soñó. ¿Por qué esperar para viajar? ¿Por qué guardarme la demostración de afecto hacia las personas que considero valiosas?

Podríamos utilizar la Pandemia como placebo, y sentir que esta pandemia “nos habilita” a ser quien realmente somos, y hacer lo que siempre soñamos. ¿Para qué seguir procrastinando si la vida podría llegar a ser muy corta? No por volverme fatalista, pero con una cuota de realismo creo que todos tenemos en nuestro interior pasiones pendientes. Aquello que nos hace hervir la sangre, que nos hace sentir que el tiempo vuela y que la realidad se vuelve atemporal.

Te invito a que desempolves tus pasiones pendientes, te reencuentres con el disfrute, el goce, el placer de estar vivo, aquí y ahora, en el presente. Que hagas todos aquello que te haga vibrar, que te haga sentir vivo. Y eso no te lo puedo decir yo: bailar, pintar, fotografiar, escribir, hacer un deporte, abrir un negocio, viajar por el mundo…eso tienes que descubrirlo tú. “No dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy”. Esa frase cobró más relevancia que nunca.

Puede que me haya puesto un poco apocalíptica, pero si viviésemos cada día como si fuese el último, podríamos realmente saborear la adrenalina de la vida, que se nos dio como un regalo, para cuidarla, regarla y cosechar frutos hermosos en forma de felicidad. Así que te digo: ¡Anímate! ¡Disfruta! Conecta con tu corazón, con tus pasiones dormidas, que como escuché por ahí, la vida es para valientes, y las mejores cosas no pasan en la zona de confort, pasan cuando nos animamos a ser, cuando nos animamos a amar, a disfrutar y a agradecer, porque todo es perfecto si estás ahora acá leyendo este artículo.